Luego de jugarme un agradable partido de tenis me aparte a apreciar el acto de inauguración del nuevo Coliseo Cerrado de Liga Deportiva Cantonal. Nos recibió su presidente el Sr. Ab. William Reyes, fuimos de sport porque era una verdadera fiesta deportiva de premiación y reconocimiento a los miembros del directorio y presidentes de la mayoría de los clubes que constituyen esta noble institución. Desfile de deportistas de todos los niveles: futbol, básquet, pesas, box, taekwondo, etc., presencia de los grupos universitarios, artistas, destacando entre ellos el cantante Roberto Calero entonando la famosa canción “El mandarina” que hizo suspirar de emociones a muchas mujeres y de sana resignación a la mayoría de los hombres.
En la mesa principal, la Lcda. Patricia Avilés Aguirre Coordinadora Regional General del Guayas y delegada del Ministro del Deporte José Francisco Cevallos, el Sr. Vicealcalde de la ciudad Ing. Juan Bastidas, el Sr. Rector de la Universidad Estatal de Milagro Dr. Rómulo Minchala, el sacerdote Luis Morales, los concejales Máster Nancy Guevara, Dennis Robles y Lcdo. Johnny Cartagena, los miembros del directorio de Liga, la reina de la institución y el coliseo a lleno completo. Conciliadoras y ecuánimes las palabras del vicealcalde quien ofreció todo el apoyo del Municipio para que se termine de construir con todas las de ley este bello centro deportivo.
Sabemos también que el señor Ministro del Deporte apoyara también en la implementación de un piso adecuado para las prácticas deportivas, igual que un ring que con tanto ahínco pide el Dr. Víctor Gaibor presidente de la comisión de boxeo.
El presidente de Liga Ab. William Reyes luego de exponer frente al pueblo su trabajo laborioso y honesto, ofreció seguir bregando para conseguir fondos y continuar por los senderos del desarrollo y progreso de esta nueva liga.
A veces me pregunto si es posible acompañar a los que ascienden sin entregarse a ninguno, se puede converger con ideales afines sin sacrificar la personalidad propia, hay que buscar la solidaridad en el bien, evitando la complicidad en el mal. José Ingenieros dice que: “todos los males resultan pequeños frente al supremo bien de sentirse digno de sí mismo”.

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